Noticias - 2014-05-08

TENGO UNA DISCAPACIDAD, PERO MI ACTITUD ES GANADORA

Lugar
PERÚ
Hora
00:00 A.M.
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Detalles:

¿Cómo es ser profesor en un mundo tan complejo como la discapacidad?

Es una maravilla, es un orgullo, porque el hecho de confrontarte diariamente con gente que no cree en ti es bien bravo, pero es un desafío, una lucha diaria. Inclusive, ahora, para acceder a mejores puestos es: sí, mira, tienes un buen bagaje, tienes maestrías, todo lo que tú quieras, pero no vas a poder hacer clase con nosotros. La discapacidad genera ese componente: ¿él podrá o no podrá?

¿Qué es más difícil: alguien que te trata con miseración o el que te pone obstáculos?

Yo he generado un conflicto cognitivo en mi persona: como ahora estoy, de repente, igual o mejor que otras personas de mi especialidad, yo lo que genero no es conmiseración, sino competencia. Y ahí viene mi problema. 

¿Cómo?

Por ejemplo, al querer postular para una segunda especialización en Educación Especial, las personas que han leído mi currículum han visto que es uno de los mejores, pero al momento del contrato han preguntado: ¿podrá o no podrá? Y han dicho: mejor no.

El hecho de haber sido militar, una carrera competitiva, ¿te dio las herramientas para enfrentar esto?

Esa es la clave. Yo siempre estoy así, activo desde todo punto de vista. Tú me puedes ver en una discoteca o en una fiesta. Podemos hasta bailar igual. Yo sé que tengo la discapacidad, pero la actitud debe ser ganadora, y ese componente hay que darles a los chicos.  

¿A tus alumnos?

Sí. Por eso esa guerra que tengo contra la exclusión, de darles ese auto concepto de ser competitivo, de ser el mejor desde pequeñitos, que no se les quite nada. Ya tengo promociones de chicos que han terminado la universidad, que se sienten muy capaces y que la están luchando ahorita para tener puestos de trabajo.

¿Algún caso que te haya hecho sentir particularmente orgulloso? 

Sí, están en San Marcos la mayoría. Dos han terminado Derecho, uno está en Psicología, otros están en Ciencias Políticas. Hay un caso emblemático, un chiquillo nacido con ceguera, quien está en cuarto año. ¡Pero qué actitud la del chico! Él corría igual con sus compañeros, lideraba el grupo, y siempre trataba de salir con gente regular para sentirse competitivo. Porque la inclusión es eso: estar entre personas regulares.

¿Qué problema hay cuando las personas que tienen discapacidad solo se juntan entre ellos?

El problema es que, como no tienes a quién seguir con un derrotero, como una imagen, empiezan esos comentarios de: bueno, estamos solos, nadie nos apoya, nadie nos quiere…

¿El derrotismo?

Sí. Entre ellos mismos. Eso ocurre. Hay un Colegio Braille de Comas (para ciegos), ¡hasta ahora! Y el estado no le puede hacer nada, porque una vez que van a cerrarlo, se encadenan y sale publicado en los periódicos…

¿Y se hacen daño ellos mismos?

Sí. Porque terminan casándose entre ellos y traen más hijos al mundo con discapacidad... Y terminan en la Unión Nacional de Ciegos, en la que se juntan entre ellos, se casan entre ellos…  

¿Te da satisfacción cuando alguien no nota tu discapacidad? 

Eso me ha pasado muchas veces cuando subo al carro. Hay quienes dicen: ¿qué hace ese gordo allí que no se para? (Risas) Y me pasa, a pesar de que tengo mi automóvil, porque he viajado en estos carros para conocer cómo sufren estos chicos, qué es lo que enfrentan.  

¿Te consideras un modelo de éxito?

Internamente, para no ser orgulloso, sí. Porque me siento bien, en el sentido de que he podido lograr situaciones que nunca pensé que podría llegar a hacer. El año pasado postulé nuevamente y llegué a la final del concurso Maestro que deja huella, ya no solo con la propuesta de escuelas inclusivas, sino técnico productivas. 

¿Lamentas que esto hiciera que dejaras la carrera militar?

No lo lamento, créeme. ¿Por qué?  Porque en el ochenta empezó la guerra contra sendero. Ya para el 89, entre 15 y 18 compañeros ya habían muerto, y yo había tenido el penoso deber de llevar sus quepís. Ya sabía lo que se venía. 

¿Qué fue lo que pensaste en el momento de la explosión que te arrebató tanto?  

Era una dicotomía, porque es un antes victorioso, de que estuviste en esa situación, pero luego te ves en el hospital. Felizmente me mandaron a Norteamérica, a un hospital para oficiales del Ejército, y allí me di cuenta de que ya no sentía la mano.

¿No fue desde un inicio?

No. Hay una sensación, fantasma le dicen, de que percibes la mano durante meses y crees que la tienes. Te ataca en la noche, no te deja vivir, porque el subconsciente no asume esa realidad. Lo hermoso de esto es que yo sueño y mi sueño es como cualquier otro sueño, como el tuyo.  

Te sueñas bien…

Cuando se nace se observa todo lo que está alrededor, todo lo que estudias, todo lo que ves en las películas, y eso se graba en la parte  del occipital, en la memoria visual. Entonces, en la noche, se me recrea y veo a todos mis seres queridos. Sé que, obviamente, por el tiempo se habrán deteriorado, pero me los encuentro y los veo cada noche.