Noticias - 2014-03-10

SER MUJER Y TENER UNA DISCAPACIDAD, DOBLE DESIGUALDAD EN AMÉRICA LATINA

Lugar
LIMA - PERÚ
Hora
00:00 A.M.
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El ejemplo de cuatro luchadoras que intentan romper las estadísticas en Iberoamérica, donde sólo dos de cada diez mujeres con problemas físicos tienen trabajo y el 42% no termina la Primaria

Mil millones de personas en el mundo viven con alguna discapacidad. Cinco de cada diez deben enfrentarse a diario a una muralla de obstáculos. La mitad de esta población son mujeres que tienen menos acceso que los hombres a conseguir un empleo digno.

Esta realidad aguarda en un informe conjunto entre el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que además advierte sobre el aumento constante del número de personas con discapacidad en los próximos años, debido a que la esperanza de vida es mayor y porque las enfermedades crónicas cada vez están más presentes.

En la presentación de este informe mundial, Margaret Chan en su discurso como directiva de la OMS invitó a la sociedad en general a esforzarse más para “romper los obstáculos que segregan a las personas con discapacidad, que en muchos años las arrinconan en los márgenes de la sociedad".

Unos obstáculos más firmes en el caso de la población femenina con discapacidad. Pilar González, delegada oficial de derechos humanos e igualdad de género en diversos países de América Latina considera que estas mujeres configuran un grupo muy diverso que experimenta las múltiples desigualdades de diferente manera, y desde la diversidad de sus vivencias, “que a su vez contribuyen a crear capas de desigualdades que interactúan simultáneamente en una sola persona”.

Marjorie López no esperó a que nadie se esforzara por ella, así que se puso manos a la obra. Esta joven que vive en Ecuador allanó su propio camino para no engrosar las cifras que empañan a América Latina: sólo 2 de cada 10 mujeres con discapacidad cuentan con un puesto de trabajo, y el 42% no logra terminar la educación primaria.

Desde que era una niña, Marjorie ayudaba a su madre en tareas de agricultura en una zona rural de este país latinoamericano, un tiempo que estiraba para también cumplir las labores del hogar y asistir al colegio. A comienzos del 2000 todo empeoró: su hermana quedó en sillas de rueda tras sufrir un accidente de tránsito, y a ella se le diagnosticó una enfermedad que en la actualidad le afecta sus piernas y manos.

Ella hizo las maletas y se fue a la ciudad de Ambato, donde comenzó a trabajar en un restaurante familiar y con el tiempo se formó como asistente contable. Hoy trabaja en una cooperativa bancaria, donde gana un sueldo digno con el que sueña comprar una casa y vivir junto a su gente.

Para Roser Romero, secretaria de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE), la historia de Marjorie no es un hecho aislado. “Las mujeres están desempeñando un papel cada vez más relevante en el mercado de trabajo, acceden a más oportunidades  de empleo,  obtienen mejores resultados educativos, y son más emprendedoras. Y esto también lo detectamos en el caso de las mujeres con discapacidad, somos más activas, accedemos más al empleo y buscamos nuevas oportunidades” explica la representante de COCEMFE.

Obstáculos vs. Oportunidades

Elisenda Fabregat lleva nueve años trabajando como psicóloga en ECOM, una institución catalana que reúne a organizaciones de personas con discapacidad física. Ella tiene parálisis cerebral, y desde niña se declaró una persona “tozuda e insurrecta”.

Para ella, esta insurrección le permitió ser una mujer laboralmente activa. Sus cambios de trabajo siempre han estado impulsados por la búsqueda de nuevas experiencias. Es por ello que el currículo vitae de Elisenda está plagado de recomendaciones como profesora, psicóloga y asesora laboral.

“Siendo aún muy pequeña, yo entendí que los obstáculos están en uno mismo. Tenemos capacidades, la sílaba dis en la palabra discapacidad es sólo un dato más. En la actualidad, no hay duda que las mujeres con discapacidad física estamos en pie de lucha” asegura Elisenda, desde su experiencia como parte del equipo de inserción laboral de ECOM.

Elisenda Fabregat explica además que en España hay un repunte de nuevas mujeres con discapacidad y de avanzada edad que asisten a las oficinas para rellenar una solicitud de empleo. “La crisis económica y los recortes que ha hecho el gobierno en las ayudas sociales ha llevado a muchas mujeres a salir en busca de un empleo, estamos hablando de mujeres de 40 a 50 años como promedio”.

Un gran porcentaje de estas mujeres en busca de una oportunidad laboral en España padecen fibromialgia, una enfermedad que se caracteriza por producir un dolor inexplicable.

Las fuentes de trabajo más comunes para estas mujeres se encuentran en el sector de limpieza. “Existen casi tantas ofertas para hombres que para mujeres, pero lo que sí es cierto es que estas ofertas las determina el género. ¿Acaso un hombre no está preparado para trabajar en la limpieza de una empresa?” se pregunta la psicóloga.

En este sentido, Roser Romero expone que la situación de las mujeres en relación al mercado laboral tiene una doble vertiente. Por un lado, las mujeres en el período 2008-2012 han incrementado positivamente sus tasas de actividad, con un alza de más de 6 puntos, pasando del 27,3% al 33,5% en este período. Y por otra parte, pese a la crisis, han logrado mantener su tasa de ocupación en porcentajes muy similares, en torno al 22,5%. Pero en cuanto al número de mujeres con discapacidad que no cuentan con un empleo ha pasado de un 5.3% en 2008 al 11% en 2012.

Un contexto que para Romero se explica "que debido a que se han mantenido las tasas de ocupación, se pone de manifiesto que muchas mujeres han decidido, o se han visto obligadas por diferentes causas a intentar incorporarse al mercado de trabajo e inscribirse como demandantes de empleo incrementando el número de mujeres en paro.

Pobreza

En América Latina y el Caribe, la discapacidad tiene lazos muy estrechos con la pobreza. Para LA RED Iberoamericana de Entidades de Personas con Discapacidad Física, las tasas de pobreza son más altas para este grupo de la población que para aquellos que no tienen discapacidad alguna.

“Los vínculos se centran principalmente en el acceso limitado a la educación y al empleo, así como también en la exclusión social que las personas con discapacidad se enfrentan ante las barreras físicas y de su entorno social” explica Lourdes González, investigadora de la Universidad Nacional de Chile, quien añade que “el coste de excluir a las personas con discapacidad es muy alto”.

El Banco Mundial estimó que debido a la discapacidad, la pérdida del Producto Interno Bruto (PIB) a nivel mundial es de entre 1,71 y 2,23 billones de dólares al año; y que entre el 12% y el 20% de la población de los países en desarrollo eran “no productivos” debido a su falta de política frente a la discapacidad.

Leyes

Las organizaciones que trabajan en el ámbito de la discapacidad creen que la promulgación y cumplimiento de leyes por parte de los gobiernos son un factor imprescindible para la inclusión laboral de las personas y muy especialmente para las mujeres con discapacidad física.

Una de las herramientas legales sobre el derecho al trabajo está en el artículo 27 de la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las personas con discapacidad, que obliga a los Estados a “reconocer el derecho de las personas con discapacidad a trabajar, en igualdad de condiciones con las demás; ello incluye el derecho a tener la oportunidad de ganarse la vida mediante un trabajo libremente elegido o aceptado en un mercado y un entorno laborales que sean abiertos, inclusivos y accesibles a las personas con discapacidad”.

LA RED junto a COCEMFE realizan la campaña iberoamericana YO SOY: la discapacidad en primera persona, que tiene el objetivo de promover el artículo 27 en los gobiernos e instituciones implicadas en el trabajo de acceso al trabajo.

Es una campaña reúne testimonios como los de Karina Pérez, una joven peruana que denuncia haber sido descartada para distintos puestos de trabajo por su discapacidad física en los últimos 10 años, especialmente porque las empresas no tienen infraestructuras adaptadas. 

Tras trabajar como artesana, vendedora, call center y educadora popular ha decidido ingresar a la universidad para sacar el título como abogada.

“Voy a esforzarme para trabajar en el Palacio de Justicia. Desde allí podré luchar para que se cumplan las leyes a nivel de acceso al trabajo para personas con discapacidad física. En Perú existen pero no las cumplen ni el gobierno, ni mucho menos las empresas”.