Noticias - 2013-08-19

ENTORNO URBANO DE LA CAPITAL ES HOSTIL PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD

Lugar
CARACAS - VENEZUELA
Hora
00:00 A.M.
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Un arrollamiento adosó una silla de ruedas a la vida de Manuel Rodríguez hace 20 años. Tras el accidente, los cambios en su vida vinieron en seguida: dejar la profesión de docente porque no lo contrataban en las escuelas y convertirse en abogado, transportarse siempre en vehículo propio, alejarse de las escaleras fijas y optar por el ascensor o las rampas.

"Sabemos que siempre habrá una escalera, un muro, un obstáculo en la calle, pero si se reducen los límites es mejor para nosotros", dice quien ve al entorno urbano caraqueño como un espacio que poco reconoce a las personas con discapacidad. El término abarca a quienes, por causas congénitas o adquiridas, presenten alguna disfunción o ausencia de sus capacidades de orden físico, mental, intelectual, sensorial o combinaciones de ellas.

Calles en mal estado, autobuses con torniquetes y sin sistema de genuflexión (rampas desplegables), escalones por doquier, ascensores dañados, pavimento irregular, ausencia de corredores peatonales y de semáforos que emitan sonidos, aceras copadas de motorizados, contenedores de basura y quioscos no alineados; falta de reconocimiento de las necesidades del otro... Son elementos de la ciudad que limitan la accesibilidad de las personas con discapacidad.

César Cignoni no ignora por ejemplo que en el eje Guarenas-Guatire ningún ente público facilita la accesibilidad porque no hay ascensores ni rampas. Por su parte, Nancy Ramírez, quien lleva tres años con bastón por una luxación congénita de cadera y viaja todos los días de Valles del Tuy hacia el centro de Caracas, lamenta que a las fallas urbanísticas y de infraestructura se sumen criterios personales. Cita como ejemplo que en la estación La Rinconada del ferrocarril hacia el Tuy el tren tiene un vagón preferencial y después de las 4:00 p.m. los efectivos obligan a las personas con bastones, andaderas y afines a hacer colas para abordarlos, sin importar que la espera se prolongue hasta por 40 minutos.

No son normativas las que faltan para garantizar la autonomía personal y la accesibilidad, pues hay una ley que rige la materia vigente desde 2007 (aún sin reglamento), una ordenanza metropolitana desde 2006, otras tres municipales aprobadas entre 2007 y 2011, la norma Covenin 27-33-2004 para edificaciones y espacios públicos e incluso un ente rector, el Consejo Nacional de Personas con Discapacidad (Conapdis).

"Ha habido algunos esfuerzos pero la verdad es que hay resistencia de municipios, gobernaciones y Gobierno Nacional (...) La situación no va a mejorar hasta tanto exista una conexión entre quien ejecuta y supervisa las obras y las personas que tienen una discapacidad", considera Luis Torres, presidente del Observatorio Venezolano de la Discapacidad.

Coinciden en que en Chacao el sistema de aceras anchas con rampas -aunque las hay en los otros municipios del Área Metropolitana- es el que más se ajusta a sus necesidades. También reconocen al Metro de Caracas como el sistema que les brinda accesibilidad al transporte público. Pero son apenas aportes dentro de una urbe donde la planificación y la supervisión constante de lo urbano cojean de una pata.

Cualquiera es vulnerable 

Otto Tovar, presidente de la Sociedad Amigos de los Ciegos, considera que hay que cambiar la forma como se proyecta el mensaje sobre las condiciones de discapacidad. "La vulnerabilidad es para todos, no solo para nosotros", dice sobre algo que ha llamado conexión 85-15 y que hace alusión a la proporción de la población que, según parámetros de la Organización Mundial de la Salud, tiene discapacidad. "Nosotros somos el 15% y la conexión debe generarse por la cotidianidad de la gente que es parte del otro 85%. Si yo coloco una rampa no solo favorezco a la persona con silla de ruedas sino a la señora con el carrito del mercado, a la embarazada, a la mamá que lleva un coche", puntualiza.